Domi apareció en un garaje, perdido y muy asustado, intentando entrar en casas como si estuviera buscando ayuda. Gracias a una vecina que lo acogió, hoy está a salvo. Pero su situación no es fácil. Lleva este tiempo en un espacio limitado, una jaula, no es el entorno que necesita para recuperarse y estar tranquilo. Tiene miedo, no sabemos mucho de su pasado. Apenas bufa y se deja acariciar la cabecita. Se nota que quiere confiar, sólo necesita tiempo, calma y un espacio donde poder relajarse. Está listo para convivir con una familia con paciencia y experiencia en gatos.
Negativo a enfermedades.