La pequeña Laia llegó a nosotros junto con su hermana Nieves.
Las compañeras de otro refugio nos pidieron ayuda para intentar recuperarlas.
Laia llegó con mucho miedo, al principio ni siquiera podíamos ponerle la correa, le daba miedo pasear, la simple presencia del ser humano le daba miedo, no se acercaba a nosotros, pero
poco a poco hemos ido consiguiendo que cada vez confíen más y puedan estar más tranquilas.
Aún les queda mucho trabajo y mucha paciencia para que puedan perder su miedo y demuestren lo cariñosa y lo lista que realmente es.
Estamos convencidos que con paciencia y en la tranquilidad de un hogar sus avances podrían ser mucho más rápidos.